Hasta donde alcanzo a sentir, estoy en una cama.
Los dedos de mi pie rozan la sábana, una de mis uñas está rota y se engancha con uno de los hilos de la sábana.
Está atardeciendo o amaneciendo, no lo sé aún.
Mi pierna, mi única pierna, parece un bebé o quizás una serpiente gorda e inquieta que se desplaza bajo la superficie lisa de la cama creando arrugas y sombras.
Por momentos me desmayo, luego recobro la conciencia y sigo moviendo la pierna pues es lo único que puedo hacer.
Pasa el tiempo. Horas quizás y la media luz del cuarto en el que estoy no aclara ni oscurece.
Vuelvo a perder el conocimiento pero sigo despierto.
Perdí todo el conocimiento.
Ya no sé qué es esa cosa gruesa que cambia de forma debajo de algo que la cubre.
Solo sé que se enganchó y que cuando la esfuerzo, duele.
viernes, 16 de marzo de 2018
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