lunes, 29 de marzo de 2021

Reflexiones sobre una foto

 

Alguien acaba de publicar una foto acá, en esta red social. En la imagen está junto a su esposa. Componen una pareja madura en años, de aspecto apacible. Desde este lado parecen hasta felices.

Ella sonríe con los ojos cerrados. El mira fijamente a la cámara o a quien tomó la foto. Están parados sobre pasto, el césped delantero de su casa, se ve la calle de tierra de un balneario a través de la reja.

Supongo que es su casa, o la casa de alguien conocido, un lugar donde se sienten tan cómodos como para estar prolijos pero cómodos. Él incluso está de bermudas y tiene los cordones de las zapatillas desatados.

Definitivamente, tiene que ser su casa. La mujer ya tiene el pelo casi por completo encanecido y se ve que no le interesa o que ya no lo disfraza con tintura. Él en cambio exhibe una calvicie misericorde. No la tonsura traidora que avanza desde la coronilla sino que el retroceso capilar comenzó desde la frente, agudizando las entradas. El hombre se permite llevar una barba, quizás una compensación, y está igual de canoso que la mujer.

Se me ocurre, aunque no tengo cómo asegurarme, que ambos están felices con la vida que llevan. Ya son mayores pero han logrado permanecer juntos, no sucumbieron a ninguna crisis matrimonial ni personal ni moda social.

La mujer, aunque se nota la piel propia de sus años gracias a las mangas cortas de su atuendo, y su caja torácica ha experimentado el ensanchamiento tan común al pasaje de los años, parece ser coqueta, sin exagerar. Tiene una blusa estampada con un diseño cuidadosamente excéntrico, lo suficiente para escapar de la vestimenta lisa sin caer en lo esperpéntico.

Tiene buenos senos, también. Lo intuyo por el volumen desplazado a esa altura del pecho. Eso tal vez explique la mirada calma y la sonrisa tatuada por la paz en el rostro del hombre. Mantienen una vida sexual sana a pesar de los años.

El hombre, si por alguna razón se hubiera quedado sin la mujer, sería la imagen patética de los que les sucede a los hombres cuando quedan solos. La barba prolija tendría una forma irregular y desatendida. Al prolijo chaleco crema que lleva sobre una remera azul le faltaría algún botón, o le sobraría alguna mancha. Los cordones desatados tendrían otra explicación, y no estarían tan blancos.

Sobre esa ecuación equilibrada, de dos términos, roncea el tiempo, como incluso les pasa a los solitarios. Estoy seguro de que ellos lo saben. Quizás luego de una trabajosa pero satisfactoria sesión de sexo lo hablaron, sin duda que cada uno de ellos lo pensó.

Tal vez allí resida el sentido de la unión a pesar de los achaques, los rollos de grasa, la belleza que solo el porfiado amor puede ver. En el pavor a la intemperie metafísica, al arrullo mortal de la soledad.

Caminan juntos, y me alegro. También los envidio.

lunes, 8 de marzo de 2021

Un chat

 -Te odio. Me hiciste perder el tiempo todos estos años.

-No sé qué decirte. Perdoná. No lo hice por mal. Siempre quise lo mejor para vos. Jamás mentí.

-Nunca me quisiste, ahora que todo acabó no tenés por qué seguir fingiendo.

-No finjo. Puedo equivocarme, sin dudas que lo hago, pero no te miento. Te quiero. Vos sabés.

-Lo único que yo sé es lo que vieron mis ojos. Nadie, escuchá, nadie puede querer a alguien y hacer esas cosas. Lo sospeché, durante años, pero siempre te disculpé por una cosa o por otra. Ahora ya no tengo dudas, y vos no tenés perdón de Dios.

-¿Qué vas a hacer?

-No sé, te juro que no sé.

-Vamos a encontrarnos. Puedo explicarte todo.

-Ni te me acerques. Ya bastante me cuesta aceptar esta conversación. Jamás te hubiera creído capaz de hacer eso. Cómo podés mirarme, hablar de encontrarnos, después de eso.

-Vos no entendés. Dejá que te explique pero acá, por este medio, es imposible. Te propongo algo.

-NO QUIERO SABER MÁS NADA CONTIGO.

-No grités. Sí, no te asombres. Yo también sé que las mayúsculas significan que la otra persona está gritando.

-¿Sí? Me parece perfecto. ME PARECE PERFECTO!!!

-Lo que intentaba proponerte es que nos encontremos en un lugar neutral. En un bar, decí vos cuál, ahí no vas a estar a solas conmigo. Decí un nombre.

-Nooo, ni pensarlo. ¿Para qué? ¿Para que me pongas algo en el vaso, eh? ¿Querés hacerme lo mismo que a la otra?

-Pero cómo se te ocurre decir esas barbaridades, Lilián, además no sé de qué me hablás. Sinceramente, no te entiendo.

-Clarooo. Como no te hice ningún escándalo, qué estúpida fui, ni llamé a la policía vos te creés que no sé nada. Y sí. ¿Cómo te iba a denunciar? ¿Quién me iba a creer? Pero ahora no te tengo miedo, Hugo, ahora estoy lejos de vos y así me voy a mantener hasta ver qué hago.

-Lilián.

-¿Qué?

-¿Es tu última palabra? ¿En serio pensás seguir con esta locura?

-Hasta las últimas consecuencias, Hugo.

-Te lo pregunto por última vez. ¿Vas a denunciarme por algo que vos sabés es otra fantasía tuya? Acordate de tu hermana.

-¿Por qué tengo que acordarme de Bruna? Estás diciéndome esto para lastimarme, nada más. Voy a salir del chat, Hugo.

-La encontramos los dos. ¿Te acordás? Esa noche me quedé a dormir en tu casa. Hicimos el amor, fue tan lindo.

-Ah, no me hagas acordar, se me revuelve el estómago de pensar que estuve contigo.

-En el momento no te quejaste. O sí, pero para bien.

-Imbécil.

-Bruna se había acostado temprano, tus padres también. Y vos me pediste que me quedara. Hacía calor, mucho, te apareciste en el comedor con un camisón casi transparente. Sin nada debajo.

-Bueno, esas son cosas que hice porque sentía algo por vos. Pero no te pertenecen, esos recuerdos no tienen ningún significado ahora.

-Te lanzaste como una leona sobre mi bragueta, me borraste la sorpresa a lengüetazos rápidos. Pensé que iba a terminarte en la boca.

-ASCO!

-Pero me llevaste del pene hasta tu cama. Me cabalgaste la pija, Lilián. Te acabaste varias veces antes que yo. ¿Esto no tiene ningún valor?

-Escuchame enfermo: no quiero saber más nada contigo. Escribí todo lo que quieras. Yo me voy.

-Pero te olvidaste de cerrar la puerta de la habitación, Lilián, y la cama hacía ruido. No mucho, apretabas la concha alrededor de mi pija y caías bien despacito. Yo te ayudaba agarrándote de las caderas, quería hacer interminable esa sensación casi dolorosa. Te juro que se me está parando ahora mismo, mientras escribo esto. Una corriente de aire que llegaba del corredor impedía que nos derritiéramos sobre las sábanas, pero el ruido, por pequeño que fuera, atrajo a Bruna. Yo la vi. Asomaba apenas medio ojo, la pobre, pero había luna llena esa noche. La delataba la sombra sobre el corredor. Fue por ella que te pedí para pararme en la cama y vos obedeciste, Lilián. Te arrodillaste obediente para que te llenara de leche la boquita. Te la tomaste todita, como una buena niña. Debimos ser todo un espectáculo para tu hermanita.

-BASTA! QUÉ QUERÉS DE MÍ, BASTA! ME DAS ASCO!

-Cómo cambia la gente, ¿no? Aquel con el que llegaste a un extremo impensable, inédito en tu vida, ahora te asquea. Y tu hermanita. ¿Nunca pensaste por qué tomó tus pastillas para dormir? Acordate. Quedamos agotados, ardidos. Vos fuiste a darte una ducha y cuando volviste ya no encontraste los barbitúricos donde siempre los dejabas.

-¿Qué estás queriendo decir?

-Te ayudé a buscarlas. Dimos vuelta todo tu dormitorio, los dos en pelotas. Nos vestimos, puteando por el calor, para recorrer el resto de la casa. Teníamos que tener mucho cuidado para no despertar a tus padres. Por eso te aconsejé que fuéramos primero al cuarto de Bruna. Capaz que ella sabía de algo.

-Augusto, no me hagas esto, te lo pido por favor no soportaría una cosa más Augusto por favor acordarme de mi hermana ahora, no por favor, et lo pido

-Ella parecía dormida.

-No

-No se despertaba.

-Por favor

-Por favor. Sí. Entiendo. Nunca entendí a tu hermana. Por ejemplo la diferencia de edad entre ustedes, ella bastante mayor que vos. Bastante maniática, todo tenía que estar en su lugar, todo. Tenía un aroma extraño. Sé que la empleada de la casa vivía refregando su ropa pero aquel olor no se le iba.

-Hugo, me voy. Ahora sí. Hagamos de cuenta que no ha pasado nada y que cada uno se vaya por su camino, por favor. Hacé de cuenta que no te dije nada pero, por favor, no vuelvas ni siquiera a aparecerte por el barrio.

-Tardé en encontrar la razón de TU comportamiento hasta aquella visita. En los ojos de tus padres encontré la misma derrota, la peor que pueden tener unos padres, ya sabían que cuando ellos no estuvieran iban a dejar a una mujer sola, incapaz de valerse por sí misma. Pero se equivocaban. Eran dos las que jamás podrían valerse por sí solas.

-No veo la razón para seguir con esto, Hugo. En serio.

-Yo tampoco, querida, y sin embargo no veo que te hayas desconectado. Seguís leyendo. El caso es que, después de tus padres, quedabas vos para llevar la carga de tu hermana.

-Yo a mi hermana la amaba.

-Pero, por supuesto, Lilián. Cómo no amar a ese pobre ser maloliente y estúpido. Una criatura encantadora, se llevaba a la boca todo lo que uno le diera. Ese era el origen del maldito olor. Embadurnada todo con su saliva. La ropa, los adornos, los cubiertos. Ajj! Cuando pienso que cené con ellos!

-¿Sabés qué? Tenés razón, no tengo por qué seguir leyendo esta serie de barbaridades. Y ahora encima te estás metiendo con la memoria de mi hermana.

-Bueno, coincidirás al menos que la familia en el fondo debe haber sentido algún alivio con aquel final.

-¿Cómo podés decir eso de una desgracia?

-Una oportuna desgracia, en todo caso.

-Sabés lo mucho que sufrí, la culpa que sentí, no, que siento todavía.

-No veo por qué. Ella se llevaba todo a la boca, acordate. No fue por tu culpa que encontrara los barbitúricos.

-¿Qué?

-Ahora te dejo. Estoy cansado. Pensaba salir a despejarme un poco las ideas por ahí.

-Hugo, decime qué pasó esa noche!

-Pero ahora, querida mía, cambié de opinión.

-Hugo!

-No voy a salir nada. Te digo más: quedémonos los dos dentro, como en aquella noche. Tus padres ya duermen y no se van a despertar. Esta vez, seguro que no se van a despertar.

-¿Qué decís, infeliz?

-Y nosotros, querida, vamos a tener una charla, después de todo. Hubiera deseado que nos encontráramos en un bar, o en un parque, incluso. Pero no me has dejado otra opción, amor.

-Bueno, ya está bien. Ya no aguanto más esta situación. Ahora sí, me fui. Chau.

-Si querés salir del chat por mí está bien, ya me estaba aburriendo pero, eso sí, te voy a dar un consejo: no vengas a la cocina.

Lombrices de cielo

Las tormentas eléctricas ocurren cuando un enjambre de lombrices de cielo cruza un área determinada, puede ser un área deshabitada –un campo...