viernes, 11 de octubre de 2019

La importancia del juego con mascotas

Latigueé mi brazo como si hubiera tirado el juguete pero, antes que mi perra terminara de girar, lo oculté bajo la ropa. El animal volvió a mí de lomo erguido, los negros ojos limpios brillando por la sospecha. Alcé mis brazos y repetí el movimiento una, dos, tres veces. Cada vez mi perra amagó a correr y, con la misma envidiable rapidez, volvió comprensiva con mi aparente problema para deshacerme del objeto. Estuvimos un rato así hasta que, por lástima, aflojé la presión en mi axila y dejé que cayera. 
El juguete rebotó un par de veces antes de ser atrapado por ella. Al instante la ceremonia se reinició. Su cabeza apenas me llegaba a las rodillas y apoyaba su hocico húmedo, ofreciendome el hueso falso de plástico anaranjado. Pero para entonces mi mente estaba en otro lado. Me encontraba en una plaza y era invierno. Lo supe por el vapor que salió de mi boca en el momento que te mentí y prometí amarte y cuidarte y que nunca iba a traicionarte. Estaría contigo hasta el último día.
Y mientras lo decía pensaba en los árboles desnudados por el frío, y en la fuente de agua congelada.

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Las tormentas eléctricas ocurren cuando un enjambre de lombrices de cielo cruza un área determinada, puede ser un área deshabitada –un campo...