jueves, 30 de agosto de 2018

La novela vacía 12

Miércoles, 29/8

El primer efecto físico de una separación se siente cuando el pecho se te transforma en piedra. En un pesado y costoso bloque de granito que apenas se mueve cuando intentas respirar.
El segundo efecto no es de índole física sino propia de la naturaleza del mundo, de su ontología. Vuelves a percibir esa vieja distancia que te separa a tí de los otros y a los otros entre sí. El infranqueable abismo que tiempos más amables permitían olvidar.
Esa soledad incomunicable es similar a la que experimenta quien sufre una enfermedad terminal o, desgraciados ellos, quienes se encuentran atrapados dentro de un cuerpo roto, que no les responde.
Lo que me lleva al tercer efecto.
La muerte. Te mueres. Y lo haces todos los días. Abres los ojos por la mañana y sentado a tu lado se encuentra el recuerdo de tu muerte listo para esperar a que termines de vestirte y a acompañarte durante todo el día.
Asistes a tu propio velorio todos los días. Tú solo. No hay otro deudo presente, nadie más supo de tu muerte y tampoco lo dices por miedo a que te tomen por loco.
Como vivo aparente que eres te paseas por la ciudad. Acudes como puedes al trabajo y realizas las mismas tareas, una y otra vez. A horas preestablecidas introduces en tu boca comida que ya no puedes apreciar.
Como muerto, vives en la tensión permanente de perder una parte, que un pedazo tuyo termine de pudrirse y caiga encima del escritorio de tu jefe.
Cuando por la tarde vuelves al nicho que supo ser tu hogar ruegas no caerte en la calle pues entonces, piensas, se apoderarán de tu cuerpo y lo sepultarían. Te quitarían lo único que pudiste conservar.
Dicen que las blancas costas donde van a parar los muertos se encuentran en la otra orilla de un océano profundo y negro, poblado por diminutos seres fosforescentes que se burlan de las estrellas.
Que nuestras ciudades de noche son como esos oceános y nosotros las criaturas, grotescos espejos del universo.
Que tal estado de cosas fue así dispuesto para tranquilidad y guía de las almas que en un goteo incesante e inverso abandonan los cuerpos en busca de las lejanas costas de donde no se vuelve.
Pero a tí se te ha retrasado el vuelo. "No es tu hora", advierte una voz, para que te resignes.

domingo, 19 de agosto de 2018

La novela vacía 11

Domingo
19/8/18

Por otra parte, todo acto introspectivo conlleva riesgos y desata consecuencias.
"Cada vez que miras al abismo, el abismo te mira a tí", escribió Nietzche una vez. 
Por frágiles que parezcan ser nuestras invenciones ella no son nada menos que esencias que extraemos de nuestro espíritu destilado a fuerza de observancia.
Quien mantenga su mirada durante el tiempo suficiente, quien se ocupe por dejar abiertos los ojos de la mente y ocuparlos en sí tarde o temprano verá cosas asombrosas.
Se duerme el yo consciente, se aturulla con las voces que llegan. Si cesa el pensamiento en favor del amanuense éste será un médium.
Yo no sé de dónde salen estas criaturas. Muy pocas veces escribí historias con el comienzo, desarrollo y desenlace ya prefigurado. Son mayoría las historias en que se parte desde una idea, una situación o incluso desde el sonido de una frase dada sin brújula ni mapa hacia un destino desconocido.
Como en este momento, por ejemplo.
Desde hace unas líneas atrás deseo hablar de cómo le ha afectado el ejercicio de la literatura a gente que conozco y no logro llegar. Tomo desvíos que no puse yo sino que ya estaban "allí".
Voy a saltarmelos.
El caso es que si bien la depresión que me afecta obedece sin duda a lo que yo percibo como un fracaso personal en diversas áreas creo que escribir me ha vuelto especialmente sensible a la depresión.
Diablos, depresión dos veces en una misma frase sin colocar comas.
Quiero decir, este no es un fracaso nuevo, no señor, llevo años untado por él. Tratando de sacar un pie del agujero para luego impulsarme hacia afuera.
Y no lo he logrado.
Pero, lo que en todos estos años no me ha afectado grandemente, ahora me afecta a tal punto que me tirito, me duele la cabeza, me despierto sintiéndome como una milanesa debe sentirse al ser masticada. Es como si estuviera empapado, plastificado, alienado.
Y parte de esa depresión creo que se debe al hecho de haber vuelto a escribir en forma sistemática, como no lo hice nunca, empujado quizás por la noción del poco tiempo que me queda y la rapidez con que éste desaparece dentro del almanaque.
Mierda, no logro decirlo: escribir es andar con las putas antenitas abiertas y uno no agarra lo que quiere sino que también es agarrado por.
El silencio sin mapa que es publicar y no saber quién lee, qué le parece lo que lee. La soledad del amanuense del espíritu, etc.
Tenía una compañera de taller que por hurgarse el alma se llagó la vida. Se curó al final, creo, pero apuesto que vuelve a escribir y de nuevo le va a pasar o, si no lo hace, ello es síntoma del dolor que le causa hacerlo.
Conozco ese síntoma. Fue lo que me hizo dejar la escritura por décadas.
Ya no.
Acepto esta depresión. 
Está bien, de todas formas los últimos años no tienen por qué ser una película de Doris Day. 
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Hola, me llamo Jorge Machado y hoy soñé que desnudaba a un guardia del palacio de Buckingham, de los de casaca roja y sombrero negro alto, para vestirlo con el pijama a rayas de las víctimas de los campos de concentración nazis.
El guardia parecía un muñeco entre mis dedos, no era más alto que mi dedo índice.
En el sueño cada tanto le quitaba la ropa para chequear su estado físico que cada vez era más raquítico al tiempo que lloraba por lo que estaba haciendo.
Cuando su cuerpo agostado anunciaba su inminente muerte lo desnudé una vez más y lo introduje en un modelo a escala de los hornos de Auschwitz.
Me desperté con ganas de llorar por el sueño y con la pija parada por la orina acumulada dentro de la vejiga.
Sería más ajustado a la realidad decir que "nos" despertamos. Un Jorge Machado lloraba por lo que le había hecho a un guardia inglés y el otro Jorge Machado se dirigió presuroso al baño para desagotar la vejiga que le dolía de tan hinchada que la tenía.

sábado, 18 de agosto de 2018

La novela vacía 10


Sábado
 18/8/18

Escribir en fantástico también implica pensar en fantástico, estar atento a lo fantástico y las posibilidades que podemos darle para que se manifieste.

Todo momento tiene algo de fantástico. Incluso el plano que se llama realidad.

Lo real es apenas uno de tantos resultados posibles. Una conjunción de sonidos, estados de ánimo, formas en que la luz golpea sobre los objetos y penetra mis ojos.

Un ligero cambio en la posición, ánimo, hora u otro conjunto de factores bastará para que esa realidad cambie.

Acabo de salir a dejar la basura en el incinerador de mi edificio. Afuera llueve con bastante fuerza. Tanta, que su sonido golpeando el cemento penetra los espesos muros.

Luego de escuchar el paquete caer por el túnel del incinerador di la vuelta y me encontré ante un pasillo vacío.

O no.

Me acompañaban las miles de gotas, el aire delante y atrás mío, las esquinas a las que no les llegaba la luz, las sombras que aprovechaban esa geometría.

Si daba un paso en la dirección correcta, estaba seguro que en lugar de la lluvia escucharía el ruido de los engranajes por detrás del telón que habito. Si en cambio la dirección me llevaba a otro ángulo, y con esto me refiero a un verdadero paso. No simplemente a mover un pie, ponerlo delante del otro y acompañar ese movimiento con el anterior para moverme unos centímetros.

No, me refiero a moverme incluso sin que sea necesario desplazarme. Si daba entonces ese paso en una dirección distinta, pero a condición que estuviera realmente moviéndome, vería que no estaba solo en ese pasillo nocturno.

Quien me acompañaba en el espacio aparentemente vacío es algo que todavía ignoro pues de hecho no di el paso sino que, sin dejar de vigilar el ruido a lluvia, entré a mi apartamento y me senté a escribir estas líneas.

Todavía sigo con la depresión como un demonio sorbiéndome el seso. Todavía siguen los pensamientos suicidas. Todavía no encontré la puerta.

Lombrices de cielo

Las tormentas eléctricas ocurren cuando un enjambre de lombrices de cielo cruza un área determinada, puede ser un área deshabitada –un campo...