sábado, 28 de noviembre de 2020

La boca, la voz

LA BOCA

 

A veces escribo como si gritara en el medio de la noche, otras el silencio me inunda la garganta y sólo consigo barbotar rugidos pero en el fondo sé que todo lo hago con el único fin de encontrar mi segunda boca.

Esto es, el aparato fonológico que me permita reír mientras lloro, sentir hambre mientras como, cantar mientras te amo.

 

MI VOZ

 

Esta es mi voz – dijo el jodedor de pura cepa a su ocasional oyente.

Y sin embargo – continuó – sólo puedo esperar oírla cuando el viento cambia, o quizás cuando vuelve la marea alta o tal vez dependa de un cambio en la frecuencia de los semáforos del Centro.

Lo cierto es que no la domino en absoluto sino que por el contrario ella, con su tono monótono, me toma por asalto en los momentos más imprevistos y lo que es peor, me deprime.

Me deprime su ausencia pero también lo hace su presencia, tan imperfecta, tan necesitada de alguien que la domine, que la seduzca hasta conseguir de ella la puntualidad, la fidelidad para transcribir los detalles. Ahora mismo quisiera decir que es ese carácter errante e imprevisible lo que la hace imposible de sujetarla el tiempo suficiente para pulir sus defectos y en realidad lo que estoy haciendo no es más que emitir una serie de confusos sonidos en nada parecidos a la angustiosa sensación de impotencia que me llena la cabeza.

Ahora que tengo voz quisiera usarla para gritar y tan sólo consigo quejarme como una mujer vieja y enferma.

 

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