Hoy pagué mi boleto al infierno o, quizás, me gané un lugar en el cielo.
Fui al Shopping cerca de casa a pagar una tarjeta de crédito. Como todavía tenía tiempo decidí experimentar un poco, en preparación del gran golpe.
Frente a un local de esos repletos de televisores gigantes y costosos pusieron un banco largo de madera para que la gente descanse antes de seguir por esa calle discontinuada de una ciudad que algún día recorrerá toda la ciudad. Al menos me gusta pensarlo: vivir siempre bajo el nivel del suelo, salir a la calle y que esta sea el corredor peatonal de un shopping de varios quilómetros.
El caso es que me senté frente a la casa de electrodomésticos y encendí en mi celular la opción de "Compartir pantalla".
Al poco tiempo de buscar dispositivos compatibles, la imagen que usualmente tengo en la pantalla del celular cada vez que lo enciendo estaba en uno de los televisores, un LED de 55 pulgadas.
Entonces disparé el video que tenía preparado. Al principio es un video musical común y corriente. Se ve la imagen de una chica de pelo largo tocando la guitarra en una casa llena de telas colgantes y una gran ventana que da a un campo brotado de flores, repleto de árboles moviéndose con la brisa. La música continúa pero la escena cambia varias veces y se ve a la chica con un hombre besándose tiernamente en los labios; en el próximo cambio de escena el hombre la está desnudando; el siguiente la chica también lo ha desnudado y se muestra en primer plano una fellatio de la cantante al tipo; para cuando nuevamente cambia la escena ambos están teniendo sexo desenfrenado, explícito. El video no sugiere nada, muestra el pene del hombre entrando y saliendo como un animal furioso de la vagina y luego del ano de la chica.
Ya había hecho el truquito que pasar el video por la pantalla de uno de esos televisores pero la gente que pasaba por el corredor no se había dignado siquiera en mirar.
Esta vez, justo estaban dentro del local un par de mujeres y un niño.
El niño fue el primero en ver lo que estaba mostrando el televisor y, con su dedo índice extendido, se lo hizo saber a la madre al tiempo que se acercaba al aparato.
La mandíbula de la madre cayó floja, como si le hubieran pegado. Agarró a su hijo y lo apartó de tales imágenes con la misma rapidez que si el niño estuviera encaminándose a una abertura en un balcón.
Y luego de dejarlo con su amiga, la mujer se encaminó decidida al mostrador a quejarse de lo que estaban exhibiendo.
Tuve la suficiente presencia de ánimo para interrumpir la conexión con el televisor por lo que, cuando finalmente la mujer logró traer a uno de los empleados para que viera lo que estaba mostrando el televisor de enfrente, éste había vuelto a su video habitual: una señora en ropa de casa girando alegre en su cocina porque había logrado cambiar los electrodomésticos gracias al plan recambio de la empresa. Un institucional inofensivo y bastante tonto.
Las mujeres y el niño se fueron. El niño estoy seguro de que se olvidará pues era muy chico y ni siquiera debe haberse dado cuenta de qué fue lo que vio.
Pero me encantaría ser amigo de esa mujer para escucharle sus impresiones. Ver como insiste en que vio una pareja teniendo sexo salvaje y no una anciana bailando en su cocina, como le insistían a coro los tres empleados.
Hoy esa mujer ha dudado. Pisado en falso. Vio el abismo y luego vio que el abismo era un fantasma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deje un comentario aquí.