Viernes 29/6
11:17
Muchas veces ocurre que estoy viajando en un ómnibus o me encuentro dentro de un salón, rodeado por otros alumnos y observo a otra persona desde un ángulo desde el que no estoy completamente a espaldas suya, sino que todavía puedo ver los rasgos de un lado de su cara.
Cuando fijo mi mirada en ella, porque casi siempre es una ella, observo que sus ojos, hasta el momento atentos a lo que tenga adelante, sea esto un libro, la calle corriendo hacia atrás o un profesor, parpadean.
Es decir, acusan recibo de que percibieron la mirada ajena.
Al principio lo tomaba como una coincidencia pero el patrón se repitió tantas veces que siempre representó una intriga no resuelta hasta la llegada de Internet.
Un día, leyendo una página de un sitio que no recuerdo, me encontré con la palabra que designa a esa sensación de estar siendo observado.
Escopaestesia.
Y no es que sea nada nuevo tampoco. La primera vez que se estudió el fenómeno fue en 1898, la primera que se editó un libro sobre la escopaestesia se entiende, el fenómeno en sí existe desde mucho antes que se imprimieran libros, existiera el latín e incluso los homo sapiens.
El libro lleva el nombre poco creativo de "La sensación de ser mirado" y fue escrito por un tal Edward Titchener, psicólogo de profesión para más datos.
Por supuesto que abundan las teorías que explican la escopaestesia y, como era de esperar, cada una lleva agua para su molino.
Así, los psicólogos la explican por una creencia errónea del yo exacerbado (la misma que por ejemplo alimenta la falsa sensación de que somos el centro de la mirada de otros, cuna de la paranoia o la vanidad); los parapsicólogos atribuyen ésta a la presencia de entidades de otros planos detrás nuestro, observándonos sin que se entienda muy bien porqué razón estas entidades deciden perder el tiempo de esa manera, y los científicos vinculados a la salud que la explican mediante la que es, para mí, la más acertada de todas estas teorías.
Según estos investigadores, la escopaestesia es un rasgo evolutivo, útil para detectar la presencia de depredadores acechándonos y es compartida con prácticamente todos los animales ya que de otra forma no hubieran logrado sobrevivir.
Pero hay una aplicación de la escopaestesia muy interesante y que es una teoría de mi propia cosecha.
La vincula al cine o, en realidad, a la actuación.
Sin que esto sea una fórmula podría decirse que cuanto mejor es el actor o actriz mejor es su capacidad de disfrazar su escopaestesia.
Tomen el ejemplo de Madonna.
Amo su música (al menos hasta 1998 o hasta el disco Music), fui a tres recitales de giras distintas, tengo mucho material sobre ella en mi casa y considero que es un caso único dentro del espectáculo que por muchas razones (cambio del modelo de distribución de la música, el principal) será la primera y última de su especie.
Pero actuando está lejos de ser una buena actriz.
De toda su producción cinematográfica apenas pueden rescatarse 3 o 4 títulos: Buscando desesperadamente a Susana, Dick Tracy, Sombras y nieblas (de Woody Allen) y Evita.
En el resto de las películas su actuación es despreciable (Snake Eyes, de Abel Ferrara, me olvidaba de esa gran película nihilista) porque no sabe ocultar su escopaestesia.
Sus ojos cambian su patrón de parpadeo de la misma forma en que lo hacen las pasajeras o las alumnas cuando yo las observo.
Todas, Madonna incluida, nos advierten que saben que están siendo miradas, sea por un par de ojos o por millones de ojos (representados por la cámara que la filma) y por ello el mal actor o la mala actriz no logra convencernos.
Ese parpadeo rompe la "cuarta pared", de alguna forma también secciona el tiempo pues nuestro cerebro recibe ese acuse de recibo de nuestras miradas como si fuera en tiempo real, lo que es impropio del cine (pero una característica del teatro) y por ello desactiva la suspensión de la incredulidad necesaria para atender a la inverosímil trama que nace al calor de los focos y la edición de la sala de montaje.
---------
Hoy tuve un sueño muy erótico, pornográfico casi. Los detalles no los recuerdo casi nada.
Involucraban los corredores de una institución, alumnos que dejaban el aula, una profesora, maestra o directora de la institución que me atendía y a la que, luego de cierta señal con sus ojos (sigo con el tema de las miradas) que yo interpretaba habilitadora, desnudaba rápidamente y colocaba sobre un escritorio donde la penetraba con enérgicos movimientos de cadera.
Suelo despertarme con una erección debido a mi necesidad de ir al baño pero esta vez me desperté, por suerte sin que mi mujer hiciera lo propio, y me di cuenta de que en realidad tenía la pija parada y estaba garchándome a la almohada que coloco entre mis piernas para mantener la columna derecha ya que desde el 2009 tengo un problema en las vértebras cervicales.
Dormir de costado con una almohada fina y larga ("nonito", le dice mi esposa) fue producto del consejo que me dieron en la clínica del dolor a la que asistí para aprender a vivir con este mal incurable de la artrosis.
Cuando la fisiatra me dio el pase para algo llamado "Clínica del dolor" me invadió el impulso moméntaneo, desechado enseguida, de aclararle a la especialista que dolor ya tenía y no deseaba especializarme en él sino librarme de su presencia permanente.
Todo comenzó por una mala postura frente a la computadora y por tener la espalda expuesta a corrientes de aire.
La contractura de los músculos de la espalda fue tal que desplazó los discos entre las vértebras, protusionándolos (moviéndolos) con lo que las vértebras comenzaron a chocarse entre sí, aplastando en el proceso al nacimiento de los tendones, nervios, músculos, etctéra.
Estuve un mes y medio tirado en la cama. De noche dormía cada 20 minutos, el tiempo necesario para encontrar una posición en la que no sintiera dolor. Luego de ello dormía aproximadamente por el mismo tiempo, 20 minutos, hasta que el dolor se mudaba a esa área de apoyo y me despertaba.
Era un dolor nuevo, nunca había sentido algo así y se parecía mucho -supongo- al que debe sentir una persona a la que le enciendan una fogata sobre la espalda.
No podía siquiera vestirme solo, mucho menos hacer esto que estoy haciendo ahora (escribir), ni girar la cabeza para ver quién o qué estaba detrás mío, cuando la escopaestesia me estaba matando.
viernes, 29 de junio de 2018
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Lombrices de cielo
Las tormentas eléctricas ocurren cuando un enjambre de lombrices de cielo cruza un área determinada, puede ser un área deshabitada –un campo...
-
16/10/2018 pornografía De pornógrafo. 1. f. Presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación. 2. f. E...
-
18/10/2018 Un día, releí las partes de La novela vacía. Y ese fue su fin. FIN DE LA NOVELA VACÍA
-
Lunes 25/6 9:05 Antes que nada se necesario aclarar algo por lo evidente que es. Esta serie de apuntes que he decidido llamar "La n...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deje un comentario aquí.