jueves, 8 de abril de 2021

Tania bajo la lluvia

Llueve. Mucho. Ayer y, sobre todo, hoy, hizo un calor de los mil demonios, pesado, húmedo. De esos calores desubicados como frazada de abuela, de los que uno termina dudando si es que el clima se ha vuelto loco, pleno otoño, o es que finalmente vino la parca a sellar la vida un ACV u otra delicatesen por el estilo.

Pero llueve ahora. El calor se siente todavía, incluso un poco más, al comienzo. Luego va a refrescar, así es la dulce rutina de la vida. El caso es que, en mi experiencia personal de los últimos años, se escribe lluvia y se pronuncia Tania. No puedo evitarlo. Sé que le gusta ver llover, ella misma me lo dijo en uno de los escasos oasis en paz de nuestra relación.

Y es así que vuelvo a pensar en ese caramelo a medio hacer, esa golosina demorada, indecisa, quizás ya solidificada en una configuración, seguramente muy inferior a lo que su espíritu necesita. Y a partir de esa fecha cuya cifra jamás sabré, porque habré muerto antes o porque la otra muerte, el olvido, ya me ha borrado de su vida, Tania será su propio subproducto. Encantadora para quienes la conozcan y decepcionante para ella misma. Desde ese hiriente contraste nacerá el resentimiento, la frustración (no importa el éxito profesional que su intelecto puesto al máximo le asegure) y, por último, la soledad. La soledad acompañada, incluso.

Ahora bien. Nuestro breve encuentro podría figurar con todo derecho en alguna improbable e indiferente antología de fracasos anunciados. No debería quejarme, entonces. Por el contrario, estoy seguro, aliviado, lejos de las heridas que íbamos a provocarnos.

Aun así, por alguna misteriosa razón cada vez que llueve pienso en ella. En lo que jamás podríamos haber sido, y esa imposibilidad solo acrecienta la pena por lo que, afortunadamente, jamás existirá.

Hace años acuñé esta suerte de microrrelato:

Te tengo en mis brazos.

Afuera hace frío, y está lloviendo.

Así como con amor te tengo, podría estrechar tu cuello. Asfixiarte hasta matarte.

¿Es el horror que me causa tu pérdida lo que hace tan hermosa a esta lluvia?

 

Navega con fortuna, fantasma de mis días.

Fortuna Imperatrix Mundi.

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