Pablo:
Se ve que el insconciente la tiene más clara que yo. Soñé con Tania. Que la nombraras, estoy seguro que sin doble intención ni malicia, provocó cierta variación mental que luego emergió.
Yo estaba parado en la puerta de un salón. Muy parecido a los del IPA pero en lugar de una puerta entera tenía media puerta, casi como un mostrador de bar. Contemplaba las espaldas de todos ustedes cada vez más chicas a medida que se iban ya que la profesora había anunciado que ese día faltaba. Dentro del salón solo quedaba Tania, sentada en la primera fila pero con una campera marrón, de esas que tienen franjas horizontales y que dan un aspecto a cucaracha.
No estoy diciendo que Tania sea una cucaracha, vale aclararlo.
El tema es que yo le hacía, desde mi cómoda posición en la entrada al salón, un comentario del tipo "qué loca esta profesora, dejarnos plantados, ¿no?", y como toda respuesta de su parte ella bajaba las comisuras de su boca en lo que yo interpreté como un "andá a saber qué le pasó". Por alguna razón el hecho de que el IPA se hubiera vaciado y siguiéramos dentro lo asumí como lo más natural. Quise continuar el "diálogo" preguntándole algo que no recuerdo bien (quizás fue por qué seguía dentro del salón si todo el mundo se había ido) y esta vez ella ni siquiera me miró. Concentró su mirada en un punto impreciso delante, digamos, como si mirara el fantasma de un profesor.
Anagnórisis. Una de las cosas que aprendí este año. Cuando el protagonista se da cuenta de lo que ha estado pasando en la obra. Comprendí que el primer gesto no era una respuesta a mi pregunta sino una pregunta, una interpelación a mi propósito de obstruir la única salida. Todos los demás ya estarían en sus casas pero ella había quedado atrapada, por lo que gesto con su boca -acompañado con un movimiento ascendente de la cabeza-, en realidad significaba "¿y? ¿vas a quitarte del medio?".
No le interesaba hablar conmigo. Ni siquiera generalidades como las que se suelen compartir entre compañeros de curso.
Me desperté conmovido, frágil como la cascarita despegada de una herida que no cura.
Odiaría pensar que piensas que escribo esto para llamar la atención o dar lástima. Y mucho más odiaría si por alguna razón te parezco denso al compartir este pequeño paseo por mi insconciente pero, como estuvimos ayer hablando de este tema, que por lo visto no tengo saldado, lo quería compartir y, de paso, darme el gusto de escribir algo. Hace tiempo que no me pongo a la tarea. Me siento culpable.
Saludos
J.
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