martes, 16 de junio de 2020

En la noche



El dormitorio (recinto dispuesto por los cónyuges para invocar la rutina) tenía un agradable regusto a patria (paraíso natural de los cretinos) esa noche (espacio temporal destinado al insomnio). La cama (altar donde se coloca al sexo para su sacrificio a manos del matrimonio) el amarradero, la almohada (receptáculo blando con el que se atenúan los gritos; hasta los cadáveres tienen una) el muelle. Dentro de su cabeza (hogar natural de la neurosis depresiva paranoide) algo lo rondaba, demorando el sueño (plano superior de la existencia; de naturaleza huidiza). El cansancio (estrategia adoptada por la depresión) tardó (aplicase a las cosas buenas, en general) en disolverse. Al cuerpo (repositorio de enfermedades; vehículo poco fiable) le dolió el día (amplio territorio dispuesto entre la primera desilusión y la penúltima derrota) un rato más. Antes de desaparecer entre los hilos (estructura lógica oculta durante el día) de las sábanas (cubre a los cuerpos; mantiene los gases en su sitio; hasta los cadáveres tienen una), el humano (primate con espasmos angélicos) encontró el núcleo agudo, la causa infatigable que lo preocupaba.  Seré estúpido (demasiado inteligente), se reprocha, dejé a una mujer (datos insuficientes) querible, y ahora no recuerdo (dícese de la imagen de lo vivido) por qué la dejé.


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